13 escalones
Cada día lo miraba pasar frente a mí, tan misterioso, volteando de un lado a otro nerviosamente. Como si escondiera algo muy oscuro en lo más profundo de su ser.
Lo observaba, extrañado hasta de su forma de caminar, pero no le daba la suficiente importancia.
Una noche, casi por coincidencia, lo vi salir y como era mi hora de salida del hospital, caminé detrás de él a una distancia apropiada.
Lo ví pararse frente a una puerta metálica en color negro y después voltear a hacia los lados, era el deposito de cadáveres.
Me escondí rápidamente detrás de un bote de basura sucio y maloliente y él entro...
Me levanté y miré a mi alrededor, mi corazón palpitaba cada vez más rápido con el sonido de mis pisadas. Cuando llegué a la puerta negra, noté que estaba abierta y la empuje un poco, solo lo suficiente para asomar la cabeza.
Ví que había una escalera... Con trece escalónes. Lo supe porque lo primero que hice fue contárlos, no se porque. Tenía relacionado ese número con la mala suerte y por un momento dude en entrar, pero era más fuerte mi curiosidad que cualquier superstición en ese momento.
Entre y cerré la puerta detrás de mi...
Al primer escalón escuché un ruido extraño, como si alguien gritara.
Al segundo mis manos y mi frente comenzáron a sudar.
Al tercero mi ropa ya estaba empapada.
Al cuarto mi piel cambio de color, estaba pálida.
Al quinto mis ojos comenzaron a arder.
Al sexto el miedo comenzaba a invadirme.
Al séptimo me detuve y tomé un poco de aire.
Al octavo, noveno y décimo bajé rápidamente.
Al onceavo, los gritos que habían escuchado, eran más fuertes.
Al doceavo, los oí tan claro, como si estuvieran a un costado o frente a mi.
Al treceavo escalón, tenía otra puerta frente a mi, de donde provenían esos gritos.
Tomé la perilla y comenze a girar muy lentamente, había llegado tan lejos que no iba a detenerme ahora...
Abrí la puerta y entré, dejandola medio abierta por si tenía que escapar al ser visto por ese hombre.
Y fue en ese momento cuando los ví, eran dos cuerpos entre las sombras de la noche, uno de ellos, el chico misterioso de hace unos momentos, el otro, un cuerpo en estado putrefacto, siendo devorado por el primero, poco a poco...
Ese hombre, que hasta hace unos momentos, lo seguía por los pasillos y lo ví bajar esos trece escalones, sin percatarme siquiera de lo que hacía por las noches, ahora devoraba a un hombre de una forma casi diabólica. El viento sopló estrepitosamente y entró por una enorme ventana que había al fondo del cuarto, de donde provenía una luz azul muy brillante, la intensidad del viento me arrojó con tal fuerza contra la puerta que provocó que se cerrara enseguida, dejandome dentro, encerrado dentro de esas cuatro paredes con ese... Ser. Sabía que si la puerta se cerraba sería mi fin, así que tomé la perilla tratando de abrir, sin dejar de ver a aquella criatura. Mi cuerpo se congeló mientras la criatura se acercaba lentamente, me observaba con eso ojos amarillos y las manchas de sangre y gusanos que resbalaban por sus mejillas. Cuando menos me lo esperaba ya estaba frente a mí, tomó mi muñeca con tal fuerza que sentí los huesos romperse y su aliento ácido sobre mi cara y fui jalado hacia él, mientras mi garganta, apenas si emitía un leve grito, que nadie escucharía. Con el miedo recorriendo mi piel, lo empuje hacia atrás y cayó al piso.
Me miraba fijamente, como si hubiera adivinado el sabor de mi carne. Su garganta comenzó a emitir un sonido que me mantenían estupefacto, congelado frente a él y se levantó nuevamente.
Mi cuerpo reaccionó cuando me percaté de que ya se encontraba de pie, nuevamente frente a mi.
Se avalanzo con tal velocidad que lo único que pude hacer fue correr hacia el otro extremo de la habitación y ver como se golpeaba contra la puerta.
Mi corazón palpitaba a mil por hora, tenía que salir de allí.
Lo ví correr hacia mí nuevamente y me dirigí hacia la salida, rodeando el cadáver destrozado que estaba encima de una plancha fría y gris, manchada de sangre. Parecía un juego entre el gato y el ratón que más que divertirme, me mataba de pánico. Llegué hasta la puerta y tomé la perilla para salir inmediatamente, mirando los trece escalones que me separaban de la vida y la muerte, pero al intentar poner un pie sobre el primer escalón, sentí un golpe en la cabeza y oscuridad, mucha oscuridad.
Ni siquiera se cuantas horas estuve dormido, perdí la noción del tiempo. Cuando desperté, o eso creí, me hallaba en un mundo diferente, algo que sólo puede ser considerado una pesadilla.Desperté un poco mareado, el lugar estaba destruido y había cuerpos tirados por todas partes. Me levanté del piso tratando de agarrarme de las paredes, la luz de las lamparas parpadeaba y no se escuchaba ni un ruido siquiera. Comence a caminar, cuidando que la lampara no cayera sobre mi y me dirigí a la puerta, al tratar de tomar la perilla de la puerta, me percaté de que esta se encontraba manchada de sangre, no me import mucho y abrí la puerta, mire hacia arriba y se encontraban los mismos trece escalones por los que había descendido, solo que ahora había grandes pisadas de sangre, y no una, varias.
Subí los trece escalones como lo había hecho al principio y empuje la puerta gris. Era de noche y el lugar parecía desierto, pero no me explicaba el porque, era un hospital y tenia que haber, por lo menos, guardias en las puertas, pero no.
Continue caminando por los pasillos del lugar, a cada paso que daba mi corazón me repetía que algo andaba mal.
El ambiente cambio de pronto y un aroma a putrefacción se comenzó a sentir en el aire, me acercaba al area de comidas del hospital y allí se encontraba la cocinera con una gran sonrisa, pero ¿De donde provenía entonces ese aroma?
Quize saludarla, pero no dejaba de sonreir y observarme con esa sonrisa casi diabolica que me ocasionaba muchisimo miedo.
Le pedí un café y me senté en uno de las sillas del comedor, pero ella seguía sin moverse, asi que me levanté de mi lugar y fui hasta ella, tome la cafetera y la taza que tenia entre sus manos y me serví una taza, puse nuevamente la cafetera frente a ella y me dirigí a mi asiento nuevamente, al mirar de reojo hacia la vitrina de alimentos, me percaté de donde venia ese aroma.
Los alimentos estaban engusanados y de un color verdoso se veía a través de los cristales, como si hubieran estado asi desde hacia mucho tiempo. Di varios pasos hacia atrás con la taza en mis manos, mi mirada estaba perdida en la vitrina que no me percaté de la silla detrás de mi y caí al piso, por suerte para mi, el liquido que contenia, se derramo por todo el lugar y me percaté de que no era café, sino, sangre.
Trate de levantarme, pero mis piernas no respondían y me arrastre por el piso en la posicion sentada en que me encontraba. Como pude me incorpore y cuando estaba por salir de allí, mire hacia atrás para saber si mi salida seria segura, y creí que si lo seria, puesto que vi a varios medicos caminar hacia mi, solo que sus miradas estaban perdidas y en sus rostros había sonrisas casi tan diabólicas como la de aquella cocinera, quien ahora caminaba hacia mi lentamente.
Ya no tenia escapatoria, sabia que moriría en ese lugar, me pare junto a la pared y espere mi momento con los ojos cerrados.
Sentí unas manos tomarme de los brazos y llevarme arrastrando hacia una de las habitaciones, donde me pusieron en una camilla y me inyecataron cientos de cosas en mi cuerpo y mi cara, al principio gritaba, pero después ya no pude hacerlo, mi rostro dejo de moverse y solo sonreia. Me llevaron hacia el deposito de cadáveres y me mantuvieron allí por mucho tiempo, mientras estaba allí, observaba como limpiaban todo y dejaban el lugar impeccable, incluso los cuerpos que estaban tirados, eran recogidos y llevados en camillas lejos de allí. Me volvieron a inyectar y caí en un tipo de sueño lúcido, donde veía como me bañaban y me colocaban un traje de medico.
Al poco tiempo me dieron de beber sangre y comida putrefacto, pero a diferencia de la primera vez, ya no sentí asco, al contrario, el sabor me encantaba.
Me prepararon para recibir a los nuevos pacientes y el personal de limpieza al que yo había pertenecido. Les sonreia, Ahora era yo, ese medico que despertaria la inquietud y curiosidad de algun otro chico y le dirigiria al deposito de cadáveres, bajo esos trece escalones.
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